Feeds:
Entradas
Comentarios

books-2547179_1280

Ha empezado otro curso escolar. Y con él vuelven los temidos gastos para las familias. Los libros escolares. Nunca faltan a la cita con el bolsillo de los sufridos padres de este país. La ironía es que en España la educación primaria y secundaria es gratuita. Todo el mundo puede acceder a ella. Pero luego, a la hora de la verdad, hay que gastar una ingente cantidad de dinero en material escolar. ¿Por qué? Vamos a decirlo claro: porque en este país sigue funcionando la corrupción y los chanchullos. Porque España es el país de los “listillos”, de los que tienen contratos a dedo y prebendas de por vida. Es así.

De este modo, la industria editorial, que normalmente estaría de capa caída a raíz del surgimiento del libro digital, aquí vive sus mejores momentos. Cada curso escolar los libros de texto vuelven a ser editados, una y otra vez, a pesar de que es algo incomprensible. De un año para otro ¿cambia mucho la geografía de nuestro planeta? ¿El sistema solar se agranda? ¿La biología de las especies se modifica? ¿Hacemos las sumas y las multiplicaciones de distinta manera? Es una vergüenza que no haya en España unos libros escolares unificados, generales y estables, que perduren un mínimo de diez años en su validez. Siempre se pueden añadir pequeños apéndices cada cierto año a los libros “oficiales” que contengan las mínimas diferencias que necesiten ser añadidas. Pero no. Este sistema no proporcionaría los jugosos dividendos con los que todos los años se llena las manos la industria editorial.

La situación es tan grave para las familias, que se dejan todos los años bastante más de cien euros por cada niño en las librerías, que muchos centros escolares han tenido que promover campañas de reutilización de libros para aliviar esta situación. Resulta penoso que el gobierno de la nación no tome las riendas de esta situación y tengan que ser los centros educativos los que palíen este desastre.

Me da pena ver cómo vivimos en un mundo de grandes oportunidades tecnológicas, pero a nivel educativo, seguimos en la Edad Media. Los niños siguen acarreando decenas de libros, algunos voluminosos, día tras días, a sus centros escolares. Llegan a ser tan pesadas las mochilas que no es raro verles portar una maletita con ruedas para poder acarrear semejante peso. Y yo luego llego a mi trabajo, después de dejar a los niños en el colegio, y allí no tenemos libros. Sólo usamos el ordenador para todo: para escribir correos, para consultar unos datos, para leer un informe. Para todo. Y si quiero tomar notas el teléfono móvil que uso tiene un lapicero que permite hacerlo.

No sólo gastar papel es anti ecológico. Es una necedad de nulo sentido práctico. Si un niño pierde su cuaderno de apuntes, ha perdido un trabajo de centenares de horas. Ha perdido todo su trabajo de un año. Y si pierde un libro de texto pierde con él todas sus anotaciones y subrayados. El nuevo que compre ya no traerá todo eso.

El papel y el papiro estuvo bien en la época de los egipcios. En los tiempos modernos, lo digital añade miles de mejoras y utilidades al papel. Imaginemos por un momento cómo sería un mundo en el que los niños sólo usaran materiales digitales en la escuela.

Para empezar, en una España utópica el estado proveería a cada niño de una tablet. Sin coste. El coste de una tablet es diez veces menor que el coste de todos los libros de texto que un niño tendrá que adquirir a lo largo de su vida lectiva. Así pues, un niño, una tablet. Un pequeño dispositivo, del tamaño de un cuaderno grande, que vendría acompañado de lapiz táctil con el que poder escribir y dibujar a la manera natural. Y dentro, precargadas, vendrían todas las aplicaciones que el niño necesitaría para todos los cursos escolares de toda su vida de estudiante. Eso incluiría todos los libros de texto, que ahora serían digitales, todos los cuadernos de ejercicios, que de nuevo serían puramente digitales, amén de software para hacer la vida más fácil al estudiante, como una aplicación para tomar notas y recordatorios, el calendario y horario con una agenda, y una aplicación estilo Wasapp para poder comunicarse de forma directa con sus profesores en todo momento y con la que enviar los trabajos hechos en la tablet así como recibir la notas y puntuaciones.

Esto significaría que de pronto las calles se inundarían de niños que en vez de portear maletines como si fueran esclavos, llevarían un cómodo ordenador portátil bajo el brazo de menos de medio kilo de peso. Además, cada niño tendría una cuenta sincronizada con la nube en la que a modo de copia de seguridad se iría guardando todo el trabajo que hiciera con las aplicaciones escolares. Todas sus anotaciones en los libros, todos sus ejercicios, todos sus recordatorios, nada de todo eso se perdería si el niño perdiera la tablet o se le rompiera. Al llegar a la nueva tablet y entrar en su cuenta, todo volvería a quedar exactamente como lo tenía originalmente.

De pronto, todos los niños tendrían acceso a Internet para poder hacer sus trabajos, algo que aunque parezca mentira, desgraciadamente falta aún en muchos hogares españoles. Internet en el mundo que corre es vital para la educación de los niños. Ahora pueden obtener de ahí millones de recursos en forma de artículos de la Wikipedia, páginas web educativas o vídeos musicales. Es el complemento perfecto para las clases, y además es fundamental para la comunicación integral entre profesores y alumnos. Que cada aula tenga su propio grupo de mensajes, al estilo de Wasapp, permitiría a los profesores aclarar dudas y seguir ayudando a sus alumnos en todo momento y lugar, no sólo dentro del horario lectivo. Los chicos estarían mejor informados de qué tienen que hacer y cómo, aprenderían a comunicarse en los servicios de mensajería, algo esencial en mundo laboral actual, y los profesores, que también tendrían su propia tablet con aplicaciones específicas para ellos, verían enormemente facilitada su labor docente.

Internet tiene también sus riesgos por lo que precisamente por eso la tablet que usarían los estudiantes no podría ser una cualquiera, sino una proporcionada por el estado, que incluiría en ella sistemas de filtros no eliminables y controlables por los padres, para asegurarse de que los niños cuando acceden a la Web, siempre lo hacen a contenidos adecuados a su edad. Ya no tendrían los padres que lidiar con tediosas configuraciones para filtrar contenidos. Todo esto estaría integrado de forma nativa en las únicas aplicaciones disponibles en esta tablet, que sería un aparato destinado única y exclusivamente a la educación de los niños, no a que puedan instalar juegos o ver todo tipo de videos por Youtube. La tablet estaría limitada en sus capacidades a lo que exclusivamente necesitan los alumnos.

Las posibilidades que abriría esta “tablet escolar” serían infinitas. Todos los eventos escolares estarían resaltados de forma relevante en ella nada más encenderla. Su agenda, su calendario, la comunicación con el centro. Todo se haría a través de ella. Los centros estarían mucho más integrados con las familias, y éstas se sentirían formar parte de los centros de un modo más completo. Los avisos oficiales, el envío de documentación, las solicitudes, matrículas, todo, TODO, podría hacerse a través de ella, con constancia de respuesta, con guardado automático de copia de seguridad de todo documento, sello y firma. La gestión de los centros se reduciría a la mitad gracias a la digitalización de todos los procedimientos. Y además, se terminaría la necesidad de que cada centro gastara recursos para su página web. Las propias aplicaciones “estatales” que vendrían de forma oficial en la “tablet escolar” servirían de página web. Una página web siempre tiene docenas de limitaciones frente a lo que permite hacer una “app” nativa adaptada en específico a un uso dentro de un dispositivo concreto.

Podría seguir durante horas enunciando las mil y una virtudes que el “paso a lo digital” tendría para la educación escolar. Pero creo que es suficiente con esto. Mientras la corrupción y los chanchullos sigan rigiendo la vida de los españoles, esto no pasará nunca. Siempre estarán las editoriales españolas chupando de un bote que les aporta cuantiosas ganancias a expensas de las familias, y seguiremos teniendo una educación primitiva y obsoleta. Hacen falta voces discordantes que levanten la voz para denunciar este retraso estúpido y sin sentido, y al menos aquí va la mía.

Anuncios

tesla_mx_c_46369-v2b_final - copia

Desde hace dos años sigo con mucho interés la evolución de los coches eléctricos. Me interesan mucho los avances en tecnología, y si es una tecnología de la que va a depender el futuro de nuestro planeta y su sostenibilidad, todavía más. Creo que los coches eléctricos son el único futuro viable del transporte para la Humanidad, y cuanto antes llegue a ser una realidad en el mundo será mejor para todos. Mi entusiasmo no ha parado de crecer estos años al ver los logros de empresas como Tesla y al ver hasta qué punto los coches eléctricos sobrepasan en ventajas a los coches de combustión. Me gustaría dejar aquí un análisis de al menos 24 razones que he encontrado de por qué los coches eléctricos son mucho mejores que los tradicionales de combustión o que cualquier coche con tecnologías híbridas o con cualquier otro tipo de combustible que no sea la electricidad.

1. Menor coste de combustible y con tendencia a bajar. Mayor eficiencia energética.

El coste actual del combustible por kilómetro con un coche eléctrico es como 8 a 10 veces inferior respecto a un coche de gasolina o diésel. Es decir, por cada 100€ gastados en gasolina o diésel, en un coche eléctrico gastas 12 a 10€ para hacer los mismos kilómetros. Esto se debe a la mayor eficiencia de un motor eléctrico frente a uno de combustión y al uso de sistemas de frenada regenerativa, que añaden combustible cuando el vehículo no acelera. Se da la paradoja de que los combustibles fósiles que alimentan los motores de combustión son muchísimas veces más energéticos que la electricidad de los coches eléctricos, pero debido al enorme desperdicio y la ineficiencia de los motores de combustión finalmente su combustible sale mucho más caro. Además, el precio de la electricidad no deja de disminuir a medida que su coste de producción baja gracias a los avances en paneles solares y otras energías renovables. La gasolina o diesel, en cambio, no va a poder disminuir, si es que lo hace, al mismo ritmo.
[Nota: en algunos países como España el precio de la luz está subiendo por un motivo político y de mala regulación en el sector, pero a nivel mundial la electricidad es cada año más barata de producir, y eso se terminará notando antes o después en todos los países del mundo.]

2. Mayores exenciones de impuestos y otros ahorros.

El coche eléctrico tiene muchos incentivos de ahorro. En muchos países está exento de algunos impuestos, como el de matriculación, el de circulación, o el IVA. También puede ser objeto de ayudas de gran cuantía a la compra del vehículo y a la compra e instalación del sistema de carga en el hogar. También puede estar exento del pago del parking público en la calle y de peajes en las autopistas. Muchas empresas permiten a sus trabajadores cargar sus coches eléctricos en los lugares de trabajo de forma gratuita. Algunas empresas como Tesla disponen de zonas de carga, los superchargers, donde se ofrece recarga gratuita a los propietarios de un Tesla, o tarifas a precios aceptables. En muchos centros comerciales, haciendo compras superiores a cierta cantidad se puede cargar el coche eléctrico gratis.

3. Menor contaminación. Nada en el lugar donde se usa, y menos incluso si toda la electricidad proviene de energía no-renovable.

No contamina mientras se usa. La única contaminación posible es la de la generación de la electricidad. La contaminación provocada por el origen de la electricidad depende de si la fuente es renovable o no. En caso de ser renovable tampoco contamina en origen. En el caso de ser una mezcla de energías renovables y combustibles fósiles aun así contamina menos (entre un 90% y un 10%). En España, que se usa actualmente un tercio de la energía en forma de renovables, se contamina un 70% a 80% menos.

4. Mayor reciclaje y vida útil. Las baterias se puede reutilizar y reciclar por completo. Esto implica una vida del vehículo mucho más larga sin más que reponer las baterías cuando se degraden.

La batería primero se reutiliza y luego se recicla, con lo cual tampoco significan una contaminación del medio ambiente. En primer luegar, las baterías que se hayan degradado un poco se reutilizan para producir otras baterías de menor capacidad para otros usos, como baterías para el hogar, por ejemplo. Cuando la degradación es grande entonces sus materiales se reciclan para fabricar nuevas baterías puesto que ninguno de los componentes de la batería se pierde. No tienen residuos. Como la batería es un componente fácilmente intercambiable, esto significa que la vida útil de un coche eléctrico es un mínimo de 3 a 4 veces mayor que la de un coche de combustión, pues al poder reponer la batería cuando se degrada, el vehículo puede seguir operando como si fuera nuevo. En los coches de combustión esto no puede suceder. El motor sufre un desgaste y deterioro que hace que todo el sistema motor se vuelva obsoleto al cabo de unos años, y al no haber forma económica de reponer todo el tren tractor, se hace necesario comprar otro vehículo de combustión completo, en un claro ejemplo de marketing mediante obsolescencia programada.

5. Mayor aceleración.

La aceleración de 0 a 100km/h es mayor y a un precio del vehículo mucho más bajo. El Tesla Model S P100D acelera de 0 a 100 en 2.4seg. Es el coche de fabricación en masa más rápido del planeta. Además, cuesta 134.500$ frente a los precios desorbitados de sus más directos competidores con 2.5seg: 845.000$ del Porsche 918 Spyder, 2.250.000$ del Bugatti Veyron Grand Sport Vitesse, o los 1.420.000$ del Ferrari LaFerrari.

6. Menor coste de mantenimiento.

El mantenimiento del vehículo es menor o casi nulo. Llamando mantenimiento a lo que es el cambio o sustitución de elementos propios del motor y de la transmisión, es decir, excluyendo gastos de sustitución de neumáticos y pastillas de freno, el vehículo eléctrico, al tener muchos menos elementos mecánicos, apenas sufre desgastes y requiere menos revisiones y gastos mucho menores en mantenimiento. En muchos casos, este mantenimiento puede ser nulo, ocasionando cero gastos. En el caso de los frenos, al usarse mucho menos por contar con frenada regenerativa, los coches eléctricos requieren de un cambio de las pastillas cada muchos más kilómetros que un coche de combustión, lo que también supone un ahorro importante.

7. Mayor período de duración de la garantía para partes esenciales como la batería o el motor.

Los años de garantía de la batería y el motor de un coche eléctrico son notablemente superiores a un equivalente de combustión. Suele ser a 8 años y en algunos casos, como es el de Tesla, la garantía es sin límite de kilometraje. Es una consecuencia de lo anterior. Debido al bajo coste de mantenimiento y a las notables mejoras en la duración de las baterías, los fabricantes como Tesla están ofreciendo las garantías más altas que ningún otro fabricante de coches ofrece para ninguna pieza.

8. Permite la carga de combustible mediante remolcado, algo exclusivo de este tipo de vehículos.

El vehículo eléctrico, si se queda sin su combustible, es decir, si se descarga por completo la batería, puede ser recargado mediante el procedimiento de ser remolcado unos kilómetros para que el movimiento motriz recargue parcialmente las baterías. Esto permitiría a un vehículo eléctrico ganar la autonomía necesaria para acudir a la estación de recarga más cercana. El coche de combustión no puede obtener su combustible más que del repostaje. El rodaje no recarga de combustible un coche de combustión.

9. Mucha mayor localización de puntos de abastecimiento de combustible: en el hogar, en carretera, en centros comerciales.

Mucha gente comenta erróneamente que hay menos surtidores de combustible para un coche eléctrico que gasolineras. Lo cierto es que un coche eléctrico puede cargarse en muchos más lugares. Allí donde haya un enchufe convencional tenemos una gasolinera de un coche eléctrico. Podemos cargarlo en casa, en un centro comercial mientras hacemos las compras, en la calle, en puntos de recarga rápida que ya empiezan a proliferar en las carreteras llamados superchargers, donde cargamos en menos de una hora… La cantidad de lugares donde poder cargar un coche eléctrico multiplica por 100 las gasolineras a las que están atados los conductores de coches de combustión. En un futuro no será extraño ver cosas como aparcamientos donde cada plaza es un punto de carga, o calles y tramos de carretera que sólo con pasar por encima carguen algo los coches de forma inalámbrica. Incluso no sería raro ver baterías portátiles para coches con las que cargarlos en caso de emergencia. Las posibilidades para cargar un coche eléctrico son casi tan infinitas como la imaginación.

10. Puede servir como suministrador de energia eléctrica.

El vehículo eléctrico puede servir como sumistrador de electricidad para un hogar, aunque de momento casi ningún fabricante ofrece esta opción. Las baterías de los vehículos eléctricos actuales tienen potencia suficiente de sobra para alimentar todas las necesidades eléctricas de un hogar. Existen sistemas inversores a los que se puede conectar un vehículo eléctrico para que sirva de suministrador de electricidad al hogar en lugar de usar la línea eléctrica convencional.

11. Mayor valor como vehículo de segunda mano.

El vehículo eléctrico, incluida su batería, tiene una mayor durabilidad y se degrada menos que un vehículo de combustión. Eso implica que un vehículo eléctrico pierde menos valor que un equivalente de gasolina o diésel, y puede venderse de segunda mano a un precio mayor, amortizando aún más la inversión en ellos. Se sabe que las baterías se degradan mucho, un 5%, en los primeros 50.000km, pero después, el ritmo de degradación decelera bastante, siendo de un 8% a los 100.000km. A este ritmo se ha simulado por Tesla el uso de una batería durante 500.000 millas (800.000 km) y mantenía todavía un 80% de su capacidad original.

12. Mayor rapidez de fabricación.

Debido a que un coche eléctrico se compone de centenares menos de piezas móviles que un coche de combustión su fabricación es mucho más rápida. El coche eléctrico no tiene motor de arranque, ni batería secundaria, ni motor de explosión, ni correas, distribuidor, caja de cambios, eje de transmisión, depósito de combustible o tubo de escape. Esto hace que el tiempo necesario para fabricar un coche eléctrico sea una fracción del tiempo para fabricar uno de combustión a mismos niveles de automatización de la fábrica.

13. Mayor facilidad para encontrar un espacio que sirva de tienda.

El coche eléctrico puede ser probado en el interior de la fábrica donde se produce y vendido en tiendas genéricas puesto que no contamina y su entrada y salida de cualquier lugar está exenta de humos o emisiones de ningún tipo.

14. Talleres más limpios y en muchas más ubicaciones posibles.

Los talleres de coche eléctricos son espacios mucho más limpios que los equivalentes de combustión pues no existen fluidos a la vista como aceite o combustible, ni tampoco hay contaminación al hacer pruebas de motor, y por tanto pueden situarse anexos a las tiendas o en cualquier lugar. No es necesario que estén en una zona industrial.

15. Mejor reparto del peso y estabilidad.

El mayor peso de un vehículo eléctrico son las baterías, pero éstas, a diferencia de un coche de combustión, se pueden colocar formando módulos lo que permite repartir el peso y situarlo en la parte más baja del vehículo, mejorando el reparto de pesos y la estabilidad del vehículo.

16. Mucho más espacio y habitabilidad interior.

Debido a que el número de componentes mecánicos se reduce notablemente, el espacio interior del habitáculo de un coche eléctrico es mayor que en un vehículo comparable de combustión. Suele ser habitual ver coches eléctricos con dos maleteros, uno detrás y uno en la parte frontal, en el espacio anteriormente ocupado por el motor de combustión.

17. Menor ruido exterior, menos vibraciones interiores y más comfort.

El motor del coche eléctrico es tan silencioso que muchas veces llega a no oírse en absoluto, no distinguiéndose el ruido de parado y de marcha. Es mucho más silencioso que los de combustión. En cuanto a las vibraciones, el menor número de elementos mecánicos y la forma en que funciona el motor eléctrico, sin apenas rozamientos, hace que el motor no transmita vibraciones al habitáculo aumentando el comfort.

18. En algunas ciudades con restricciones a vehículos, los eléctricos están exentos de ellas.

Muchas ciudades, ante el acuciante problema de la contaminación, están limitando la posibilidad de usar coches de combustión en ciertos días del año o en ciertas zonas. Los vehículos eléctricos, al no contaminar en su uso, están exentos de estas prohibiciones.

19. El vehículo eléctrico es el único que permite ser calefactado o climatizado a distancia con seguridad.

Puesto que un coche 100% eléctrico no emite ningún residuo mientras está en funcionamiento, puede ponerse en marcha a distancia sin peligro alguno para realizar tareas remotas como pre-calefactar o pre-climatizar el coche antes de que el conductor lo use, de modo que ya al empezar a usarlo el habitáculo tenga la temperatura adecuada de frío o calor. Esto es imposible de hacer con un coche de combustión, pues el aire acondicionado exige que el motor de combustión esté en marcha e implicaría que saldrían humos durante ese tiempo, algo inaceptable en un garage o lugar cerrado.

20. Menor coste de los vehículos de tracción integral.

Debido a que los motores eléctricos son mucho más reducidos que los de combustión, se puede conseguir que el coche eléctrico tenga tracción integral poniendo 2 ó 4 motores y sin necesidad de complejos sistemas de transmisión. Esto abarata mucho el vehículo de tracción integral frente a un coche de combustión si se compara el coste derivado de la parte de tracción. La tracción integral en un coche eléctrico no sólo mejora la estabilidad y seguridad del coche, sino que también le dota de más eficiencia energética y más autonomía, una paradoja única que sólo se da en los coches eléctricos teniendo en cuenta que hay un incremento de peso.

21. En un futuro próximo, menor coste del coche eléctrico frente al de combustión.

El mayor coste de los coches eléctricos es la batería debido a que es costosa de fabricar y a que la producción mundial de baterías para coches es muy escasa. Pero los analistas ya están indicando que en un futuro muy próximo las baterías, debido a la reducción del coste por economías de escala, llegarán a ser tan baratas que el precio de un coche eléctrico estará muy por debajo del precio actual de un coche de combustión. El coche eléctrico tiene muchas menos partes móviles y es más fácil y rápido de fabricar por lo que en cuanto su componente más costoso se abarate se reducirá el precio por debajo de los coches tradicionales, algo que se estima que ocurrirá en un momento no mucho más allá de 2025 si la tendencia de ventas de coches eléctricos siguen su curva actual.

22. En un futuro próximo, mayor autonomía del coche eléctrico que el coche de combustión.

La autonomía de un vehículo es función de los avances que se produzcan en la eficiencia energética y densidad energética de sus combustibles. En el caso de los coches de combustión la gasolina y el gasóleo están en el límite de lo que científicamente se ha logrado de ellos. Desde hace décadas apenas se ha avanzado en la eficiencia energética en el uso de estos combustibles a un coste del vehículo razonable. La única forma en que los vehículos de combustión han mejorado es añadiendo un motor eléctrico y una batería en lo que se conoce como híbridos e híbridos enchufables. Sin embargo, en el caso de los coches 100% eléctricos, la tecnología de las baterías para vehículos acaba de arrancar y todos los expertos señalan que se van a dar grandes avances en los próximos años en cuanto a autonomía de las baterías, cuando se consigan químicas mejores. Actualmente, el vehículo 100% eléctrico producido en masa con mayor autonomía del mercado es el Tesla Model S 100D, que certifica 540km de autonomía según el ciclo realista de la EPA. Muchos analistas coinciden en señalar que autonomías de 1000km serán factibles en breves años, superando a los vehículos equivalentes de combustión en cuanto a las autonomías que suelen ofrecer.

23. Puede recargarse él solo con seguridad.

La recarga eléctrica wireless o por un sistema automatizado de conexión a corriente son sistemas de carga autónoma que no implican ningún riesgo. Sin embargo, un coche de combustión requiere siempre de la asistencia de un operario humano por el grave riesgo que conlleva la carga de combustible en una gasolinera. Incluso el uso de teléfonos móviles puede ser peligroso en una gasolinera, cosa que no ocurre en un punto de recarga eléctrico.

24. Puede disponer de paneles solares y auto-recargarse.

Otro elemento exclusivo de un coche 100% eléctrico es poder disponer de auto-recarga mediante paneles solares en el techo del vehículo. La cantidad de carga capaz de suministrar un sistema de estos es baja a día de hoy, pero las constantes mejoras en la eficiciencia de los paneles solares augura que en un futuro próximo un vehículo eléctrico podrá recargar una buena parte de su combustible mediante esta forma, sobre todo en zonas de mucha irradiación solar.

writing-1560276

Durante este último mes he decidido retirar la novela El Predicador de la colección SB ebooks y cerrar el acuerdo que tenía con la Agencia Literaria Sandra Bruna. Me gustaría dejar constancia en este blog de mis motivaciones para hacer esto y de algunas consideraciones para el futuro.

El motivo de esta decisión no se debe en modo alguno a una desavenencia con la agencia literaria. Al contrario, respecto a la agencia Sandra Bruna sólo puedo tener buenas palabras, y en especial a Joan Bruna, un hombre muy agradable que me atendió con sumo afecto más allá de lo que cabría esperar de un agente literario hacia un escritor novel y desconocido. La agencia Sandra Bruna ha sido pionera con la colección SB ebooks, buscando una nueva manera de promocionar a los escritores noveles en un mundo literario que vive inmerso en un período de grandes cambios nada fáciles.

Desde luego ha habido cosas mejorables que resultan hasta cierto punto lógicas. Ninguna agencia literaria tiene experiencia en la actualidad en lo que significan la publicación digital y los nuevos medios de las redes sociales para promocionar escritores. Son campos tan novedosos y tan cambiantes, que ya resultan muy difíciles para una gran editorial, cuanto más para una pequeña agencia que a lo que se ha dedicado tradicionalmente es simplemente a buscar talentos y apoyarlos a través del contacto editorial, pero nunca a hacer ellos una verdadera labor editorial.

Pero todo eso no me ha decidido en absoluto a dar este paso. Mi motivación es más personal. Por una parte, ser escritor, hoy en día, excepto para el periodista que vive de escribir, es una tarea costosa que implica tiempo libre. Escribir novela histórica, además, implica un trabajo extra enorme que va mucho más allá de lo que supone escribir novela romántica o incluso fantasía. En una novela histórica hay un trabajo de documentación muy laborioso que luego el lector no sé si llega a apreciar. Para hacerse una idea, de todo el tiempo que he dedicado a mi novela, el 80% ha sido documentarme. A veces he llegado a leer un libro entero que finalmente sólo ha representado una frase en toda mi novela. Es así. Uno no sabe si va a encontrarse con algo de utilidad en el libro de un historiador hasta que lo lee.  Por lo que no queda otra que leer libros, cuantos más mejor, tomar notas, y ser muy ordenado con todo lo que se va apuntando.

Ahora mismo mi tiempo libre se ha visto reducido por docenas de ocupaciones que lo limitan. Sigo escribiendo, pero a un ritmo muy lento, así que no quiero presionarme, pero imagino que las siguientes partes de El Predicador y el resto de novelas que tengo en mente escribir, tendrán que esperar. Eso supone que quizá durante algún tiempo largo El Predicador sea una novela solitaria y sin continuación, cosa que no me gusta. Creo que el El Predicador sólo se apreciará bien cuando pueda ser leída la trilogía completa y se llegue a su final después de una larga y emocionante lectura. Por eso creo que será mejor posponer el que la novela esté accesible a un momento en que todo el texto de las tres partes esté listo.

Unido a esto está el tema de la publicación en digital. La verdad es que resulta sumamente decepcionante cómo está el panorama digital en español. Se ha ido avanzando tan despacio durante estos años en España y en los países de habla hispana, que muchísima gente ha tomado la calle del medio y se ha puesto a descargar libros digitales de forma indiscriminada. Ahora, la gente ya se ha acostumbrado a la idea de que un libro digital es algo por lo que no hay que pagar, que siempre hay alguna web de descargas donde se puede encontrar cualquier libro, y ya no hay forma de cambiar esa actitud. Yo pensé que esto sólo ocurría con libros muy caros, que no se abarataban al pasar al formato digital, o con libros que directamente las editoriales o los autores se negaban a publicar en digital. Pero la sorpresa es que mi libro, que estaba a la venta por unos míseros 4 euros, cuando tiene una extensión muy larga, me lo encontré pirata a las pocas semanas de que saliera a la venta. ¡Es el colmo! Ya no sé qué espera la gente como precio aceptable para un libro digital. Imagino que la gente espera que los libros dejen de costar dinero.

Personalmente no escribo porque quiera ganar dinero vendiendo libros. Si buscara eso habría partido en tres la primera parte de mi novela y hubiera publicado tres libros en lugar de sólo uno. Muchos autores que publican en digital están haciendo eso. Escriben libros más cortos y crean varias partes donde antes se crearía un único título. Madre mía, si Tolkien levantara la cabeza, él que tanta lata dio para que le publicaran El Señor de los Anillos como un único libro y al final no lo consiguió.

Pero si me voy a gastar unos cuantos miles de euros en divulgar mi novela para tratar de llegar a todos los lectores que pueda, entonces el dinero pasa a ser un problema. Quizá por eso me estoy planteando hacer gratuita esta primera parte de El Predicador y publicarla yo mismo sin cobrar por ella. Si la gente no quiere valorar el esfuerzo que implica escribir un libro y no van a remunerar ese coste que conlleva el tratar de que una editorial te haga caso, entonces lo mejor para obtener cierta divulgación va a ser publicarse de forma gratuita. Así yo no gasto dinero contratando agencias o haciendo marketing por Internet, y por tanto no tengo que recuperar esa inversión poniendo un precio a mi novela. Aún así, me seguirá dando pena ver que la gente no valora el esfuerzo enorme que conlleva escribir, y más aún escribir una novela histórica como es El Predicador, una novela que si algún día puedo llevar a toda su extensión se podrá comprobar que contempla no sólo innumerables localizaciones por toda la geografía humana, sino diferentes épocas históricas y multitud de personajes.

En fin, esta es la motivación que hay detrás de todos estos cambios. De momento, todos los enlaces a las tiendas online donde se podía comprar la novela van a desaparecer y sólo estarán disponibles algún día, cuando yo pueda considerar que esta obra finalmente está lista para ser publicada.

Robin_Hood-446623790-largeResulta comprensible que una película histórica no mantenga una coherencia histórica. Se trata de un producto de entretenimiento, una historia hecha para causar un efecto de asombro en el espectador, para que asista a algo inesperado. Si el argumento de la película va a ser conocido desde el principio, entonces no llamará la atención del espectador. Hasta aquí es lógico y normal.

Sin embargo, es una pena cuando ves una película con una factura tan buena, con un plantel de actores tan exquisito, con una puesta en escena y una recreación tan lograda, pero que hace aguas por todas partes en cuanto a la fidelidad histórica. Y a pesar de todo, el Robin Hood de Ridley Scott (una película que ya tiene sus 5 añitos), es incomparable de buena al lado de esas recreaciones de Robin Hood que siguen tanto la literatura del personaje.

Robin Hood existió. No fue un personaje de leyenda. Existió aunque no se sabe gran cosa o casi nada acerca de él. Ni su nombre exacto, ni su procedencia, ni tampoco sus fechas de nacimiento y muerte. Pero sin duda fue un personaje peculiar porque inspiró todo un grupo de canciones y trobas que luego fueron la inspiración de los literatos más modernos para crear al personaje que todos conocemos.

La película de Ridley Scott tiene eso en cuenta y utiliza la investigación histórica para dar coherencia al personaje. Si de verdad existió el personaje, y vivió, pongamos, entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII, uno de los períodos históricos que se barajan para el personaje, ¿qué acontecimientos pudo vivir y cómo los vivió?

Eso es lo que intenta recrear la película de Ridley Scott. Y hay momentos brillantes, como el intercambio de Robin de Longstride por Robert Loxley mientras éste último lleva la corona del rey caído. El juego con los nombres pasará desapercibido al espectador ocasional, pero esconde toda una investigación sobre el personaje, unificando las dos teorías de más peso y creando un personaje más que verosímil.

Pero ahí acabó todo. Porque la aunque la muerte del rey Ricardo está retratada magistralmente, las motivaciones de todo lo que está ocurriendo en la pantalla están completamente equivocadas, hasta el punto de hacerme pensar si no hay en estas películas un sentimiento antifrancés propio del ámbito inglés y norteamericano, casi parejo al sentimiento antiamericano que sienten muchos franceses. Algo de esto tiene que haber o si no, no se comprende el despropósito histórico.

La película empieza anunciando algunos datos sobre la mentalidad del mundo a principios del siglo XII, cuando estamos claramente a finales del siglo XIII en los primeros compases de la cinta. Concretamente estamos en 1199, justo en el último año del siglo, y el 6 de abril muere Ricardo Corazón de León asediando efectivamente el castillo de Chalús-Chabrol. Pero no venía de la Tercera Cruzada ni muchos menos. Su azaroso regreso de la Cruzada se produjo en 1192, siete años antes, y por el camino fue capturado por tropas austriacas y estuvo en prisión un poco más de un año. De hecho viajaba de incógnito y con pocos caballeros a su lado. Su ejército no regresaba con él ni mucho menos.

Por tanto, toda la trama de la película en la que vemos a Robin Hood (Russel Crowe), como un arquero al servicio del rey regresando con él de la Cruzada y lamentando lo que el rey les ha pedido hacer en Acre, no resulta verosímil. Más inverosímil si cabe si pensamos que estaría muy lejos de un arquero inteligente criticar en público a su rey dándole lecciones de moralidad. En aquella época, los que tenían problemas de conciencia por matar inocentes no se alistaban como arqueros en una cruzada.

Pero al margen de las imprecisiones sobre la mentalidad del personaje, lo que desencaja completamente la historia es ese supuesto complot francés para invadir Inglaterra. ¡Por Dios, fue al revés!

Ricardo finalmente regresó a Inglaterra y se reencontró con su hermano Juan, que había estado conspirando contra él para hacerse con el trono, puesto que Ricardo no tenía herederos. Ricardo, muy caballeroso él, perdona a su hermano y hasta lo nombra él mismo su heredero. No creo por tanto que la opinión de Juan los últimos años de la vida de su hermano fuera tan mala, como retrata la película.

Fue Ricardo quien invadió las tierras francesas, lanzando un ataque contra Felipe entre 1194 y 1198 para recuperar la influencia inglesa en esas tierras. El rey francés, que durante el cautiverio de Ricardo podía haber conspirado para que le asesinaran, simplemente solicitó del emperador germano que tratara de mantenerle cautivo lo máximo posible. La película se pasa por el forro el honor y la caballerosidad de que solían hacer gala estos grandes reyes de aquella época, y muestra a un rey francés que conspira para matar al rey Ricardo en su regreso de Tierra Santa. Nada más lejos de la realidad.

¿Qué decir de esa supuesta defensa de los ingleses contra un desembarco francés, con incluso el rey Juan en persona a la cabeza? Un absoluto despropósito. Juan había sido nombrado heredero por Ricardo, pero no era un rey querido. Era un mujeriego y un gobernante bastante mediocre. El rey francés no lo soportaba. Surgió un rival al trono en la figura de Arturo, un sobrino de Ricardo (que yo no sé cómo casi nadie se percata de que es de este personaje de quien Chrétien de Troyes pudo sacar su leyenda del rey Arturo y no de Raymond Roger de Trencavel). Sea como fuere el rey francés lo que invadió fue Normandía y quien sí planeó un desembarco en Francia fue el rey Juan, poniendo en marcha una poderosa flota de galeras. Tras obtener una notable victoria sobre el aspirante Arturo en Mirebeau (que estaba apoyado por el rey Felipe) en 1203 Juan se deshizo de su contrincante seguramente haciéndolo asesinar.

Mientras Juan afianzaba sus posesiones francesas, en su propio reino las cosas iban de mal en peor. En 1209 el papa Inocencio le excomulgó por la forma en que trataba al clero inglés, y por si fuera poco sus barones estaban al borde de la rebelión. El papa lanzó un interdicto contra las tierras inglesas y los franceses, siguiendo el derecho que les daba el interdicto, amenazaron con invadir Inglaterra. Pero tal invasión no se produjo porque en 1212, Juan, asustado, rectificó y se puso a buenas con Roma.

Su carácter batallador y conquistador, que aunque no a la altura de la de su hermano tampoco era despreciable, no se arredró por aquellos reveses. En 1214 lanzó un último intento de ataque conjunto contra los franceses, unido al conde de Flandes y al emperador germano, en una coalición antifrancesa que tenía el claro propósito de eliminar el poder francés de las tierras europeas. La batalla de la Rochelle contra unas tropas comandadas por el príncipe francés Luis hicieron retroceder asustado al rey Juan, y le hicieron regresar a Inglaterra con el rabo entre las piernas. Francia consolidaría su hegemonía con la victoria en la batalla de Bouvines, donde la alianza inglesa-flamenco-germana fue desbaratada para siempre.

A su deshonroso regreso es cuando efectivamente el rey Juan tuvo que enfrentarse al descontento de los barones y tuvo que concederles finalmente la Carta Magna, un tratado que otorgaba más libertad a los barones y nobles, pero que sin embargo nada decía del pueblo llano, como pretende hacernos creer la película. Que un simple arquero de una cruzada pudiera ponerse en pie delante del rey para instigarle a que firmara esa carta es algo que ya se sale totalmente de madre y hacer perder la mitad de credibilidad al guión de la película.

Ridley Scott tenía mil maneras de tomar la Historia para contar la leyenda de Robin Hood, pero eligió el cocktail más extraño, haciendo un corta-pega de multitud de cosas que ocurrieron completamente de otra forma. Como escritor concienciado con la necesidad de escribir novela histórica que conserve el máximo de rigor con los hechos, siento un poco de pena al ver otra oportunidad perdida para educar a los espectadores en lo que realmente fue un momento clave de su pasado.

Otra vez será.

10/10. Esta es mi valoración.

En sólo una ocasión más me ha ocurrido que un libro me haya llegado a abstraer tanto y me haya sumergido tanto en la historia, hasta hacerme disfrutar de un modo sin igual. Han pasado veinte años, la primera vez fue con la Historia Interminable de Michael Ende, y esta semana me ha pasado con Ready Player One, de Ernest Cline.

Sin duda tiene mucho que ver el hecho de que es una novela escrita para mi generación, esa generación de los 70 y los 80 que nació viendo surgir el ordenador personal y los videojuegos, y que todavía puede recordar con placer esos felices años de la niñez y la adolescencia gracias a aquellos grandes inventos.

La novela de Cline no está escrita para deslumbrar por su cuidada prosa. No es eso, pero no es necesario hablar de una grandiosa literatura para poder disfrutar de la lectura. Tanto la Historia Interminable como este libro son libros escritos para adolescentes, y por tanto no hace falta irse a palabras rebuscadas. No importa. Lo importante es la historia que se cuenta, y la diversión que proporciona. Y en ese sentido, la historia de Ready Player One está perfectamente hilvanada, con las dosis acertadas de incertidumbre y emoción para que te hagan leer sin parar.

Cline lo borda, en mi opinión, en un tema en el que todos los escritores de ciencia-ficción se pasan de rosca: el futuro.

La visión de Cline, gracias a que peca de conservadora, nos transporta a un mundo del mañana más que plausible y nos deja asombrados con las acertadas ideas que plantea. La Realidad Virtual de Cline no puede ser más real y más alcanzable. El propio autor lo ha reconocido así al ver los grandes avances que se han producido en este campo justo después de publicar él su novela, que se ha convertido de este modo en todo un anuncio profético.

Pero la novela de Cline no es sólo ciencia-ficción. Es todo un homenaje a una época y una generación, y es una reflexión muy bonita sobre las implicaciones de la tecnología. ¿Cómo nos afectará esta tecnología de los mundos sintéticos que ya nos está empezando a invadir? ¿Hacia dónde va la Humanidad? ¿Nos vamos a volver cada vez menos reales y más virtuales? ¿Va a perder protagonismo la realidad frente a estas recreaciones cibernéticas? Cline, que es un gran amante de los videojuegos y de la época que los vio nacer, al final nos dejará con un buen sabor de boca, redondeando su historia con una bella moraleja. El mundo real es lo que es y siempre estará ahí, nada nos lo va a quitar. Nos toca a nosotros decidir cómo queremos hacer de él un lugar mejor. Y la Realidad Virtual nos puede ayudar, o no. Eso es, como todo, cosa nuestra.

pages-1397570-m

Recientemente he recibido la liquidación y resultados de lo que ha sido un año a la venta de mi novela “El predicador”, que quien haya leido este blog sabrá que se ha distribuido exclusivamente en digital.

Al recibirla y ver los pobres resultados que ha obtenido me he decidido a hacerme una reflexión que quiero compartir con todos los ocasionales lectores que pudieran recaer en este blog. Quién sabe, quizá aporten ideas a otros.

En España apenas se venden libros digitales. No hace falta asegurarlo. La venta digital de libros es puramente testimonial al lado de las ventas en papel. No ocurre así en otros países. En Estados Unidos, por ejemplo, algunas tiendas como Amazon ya venden más en digital que en papel, y hablamos de tiendas que tienen una cuota enorme del mercado de los libros en ese país.

Para hacerse una idea de lo mal que está el tema bastará con que repita lo que se me comentaron a mí dos personas expertas: “Un escritor español reconocido y con buenas ventas en papel puede estar vendiendo en digital de un libro suyo no mucho más de 200 ejemplares digitales al año”.

Suena exagerado, pero no lo es. Teniendo eso en cuenta, los pésimos resultados en ventas que ha obtenido mi novela no me resultan tan gravosos. Es lo que hay.

Uno se pregunta si interesa publicar en digital, al menos en España. Quiero decir, durante este año he multiplicado cuanto he podido la labor de difusión de mi obra, creando ejemplares gratuitos en papel, contactando lectores, difundiendo la obra en las redes sociales, haciendo publicidad digital, siendo apoyado por una reputada agencia literaria, y el resultado ha sido terriblemente modesto. Y me ha supuesto un ingente gasto.

Cuando empecé esta andadura, si alguien me hubiera preguntado por el libro digital en España, le habría dicho sin dudar: “Por supuesto que interesa apostar por lo digital. Es el futuro, y además el español es un idioma muy hablado en todo el mundo, y la publicación en digital tiene la ventaja de que puede llegar con gran facilidad a todas partes.” Pero una segunda reflexión me hace considerar si no será todavía un momento muy prematuro en nuestro país para lanzarse a esta aventura, sobre todo si se es un escritor nada conocido tratando de difundir sus primeras obras.

Se piratean muchos libros, y de forma indiscrimada. Y además, o quizá a causa de esto, la oferta que hay de las editoriales es baja, lo cual hace que las tiendas digitales tengan poco contenido, y que además mucho de ese contenido esté siendo rellenado por autores que se auto-editan, de forma que las tiendas digitales tratan de compensar sus carencias, pero a costa de una pérdida irremisible de calidad y de buena imagen de cara al consumidor, que al final lo que provocan es el efecto contrario. En definitiva, una pescadilla que se muerde la cola y que ocasiona que el mundo digital no despegue en nuestro país, a pesar de las innegables ventajas que conlleva.

A eso hay que sumar la galopante crisis que vive el país y la ecuación se hace insostenible. Sencillamente, en España no conviene publicar en digital, o mejor dicho, no conviene publicar sólo en digital o promocionarse sólo en digital. Si se hace es por pura necesidad del desesperado que quiere ver publicada su obra a toda costa y evitar el riguroso filtro editorial que le impide ir por el duro camino de la venta clásica en papel.

Paradoja: lo que debería convertirse en un firme aliado de los autores noveles, se está convirtiendo en su perdición.

Alguien me dirá que esto no es así, que muchos escritores están despegando gracias a estas nuevas oportunidades digitales. Yo diría que solemos fijarnos más en los casos de éxito que en los fracasos. Frente a cada escritor que ha conseguido saltar a la fama mediante la publicación digital por medios alternativos, como la famosa autora de Sombras de Grey, nos olvidamos de los mil autores que están tratando de hacer lo mismo sin éxito alguno.

Para mí, personalmente, el éxito es algo muy relativo. Yo no mediría el éxito por las cifras de ventas. El día en que yo dí por exitosa mi novela fue el día en que un par de agentes literarios serios y de marcada experiencia me dijeron que aunque mejorable, como todo, la novela estaba muy bien escrita y merecía publicarse. A partir de ahí, que aparezca repentinamente un público para ella y se vuelva conocida ya me parece secundario en lo que al éxito se refiere. Sería agradable, pero no indicativo, de que realmente he escrito algo de calidad.

Cuando uno va a la librería y se pasea por sus estantes y se da cuenta de que se venden muchos libros cuyo único mérito es que el autor es alguien conocido de la televisión, no puede dejar de observar que al final, lo que el público quiere no es calidad literaria, sino historias y contenidos que le interesen. Da igual quién los escriba o cómo lo escriba.

No hay una fórmula exacta que determine por qué una historia va a tener éxito y otra no. Hay autores, hay un impulso interior que los motiva a escribir sobre algo que les entusiasma, y hay lectores. Y a veces los gustos de unos y otros coinciden, y a veces no. Sin ecuaciones. Son simplemente modas. Pero las modas, ya se sabe: van y vienen, y vuelven a irse y vuelven a venir.

Por lo que respecta a los autores, yo creo no podemos estar condicionados por estas cosas. Como me ha ocurrido a mí, por ejemplo. Un amigo me comentaba que me sería mucho más rentable que en lugar de publicar libros digitales de seiscientas páginas, los dividiera en pequeñas partes de no más de doscientas. Tenía toda la razón desde el punto de vista del marketing y de las expectativas del público digital, pero perdía de vista una cuestión mayor. Esto es literatura, no es solamente negocio. No escribo porque quiera ganar mucho dinero vendiendo libros. Escribo porque necesito contar cosas, porque me arde un deseo fuertísimo de contarlas, y no puedo contener esa necesidad. El número de páginas, la temática, la moda actual, los formatos, y todo lo demás, me preocupa “cero” cuando escribo. No es algo en lo que piense ni en una sóla línea mientras ocurre la escritura.

Eso viene luego, cuando te das cuenta de que sería una buena idea publicarlo, y te das cuenta de que publicar, por desgracia, sigue unas pesadas reglas de negocio. Eso viene cuando averiguas las cifras de ventas de libros, y el coste de los libros, y las pautas de lectura, y los temas más candentes, etc. Te das cuenta de que el libro está intentando competir con otros poderosísimos medios de contar historias, como la televisión, el cine, o los videojuegos. Y por desgracia para el libro, él es el más frágil de todos. Desde el punto de vista del consumidor, el libro es el objeto menos atractivo. La novela no tiene imágenes, y las imágenes tienen mucho poder de transmisión de emociones. Si el consumidor fuera quien dictara todas las normas, el libro desaparecía. Pero el libro tiene una ventaja enorme desde el punto de vista creativo: es mucho más económico que la televisión o el cine o los videojuegos. Bastan unas hojas de papel, un lápiz, y pueden surgir ahí las mayores historias. De hecho, todo empieza siempre por una hoja de papel y un lapicero, y muchos garabatos iniciales.

El libro exige al consumidor un esfuerzo. Es una historia sin imágenes. El lector tiene que hacer su composición, en su mente, de lo que está leyendo. Tiene que crear las imágenes en su cabeza. Una película, o un videojuego, son esas imágenes ya creadas para el consumidor. No tiene que esforzarse, no tiene que dedicar tanto tiempo a visualizar esa historia.

Es lo que hay. Es la era de lo digital y de los múltiples medios para contar historias. Ahora tenemos muchísimas más posibilidades que nunca, tenemos todo lo que siempre soñamos. Miles de libros al alcance de nuestro mano, miles de autores pudiendo llegar hasta nosotros y ofrecernos sus creaciones. Pero lo tenemos todo, y no tenemos nada. Porque el dinero lo trastoca todo, lo deforma y lo desvirtúa hasta volverlo una caricatura de sí mismo.

Es la era de lo digital, sí, pero es todavía demasiado pronto. Es la primera fase. La verdadera era digital, la buena, la que resulte ventajosa para todos, esa aún está por llegar.

El proyecto del “Reflector del Pasado” ha tomado más profundidad de la que me esperaba. Estoy dedicando mucho tiempo y ganas con él, así que para dotarle del protagonismo que se merece he creado dos sitios web, en español e inglés, donde compartiré en más detalle todo lo relativo a su evolución.

Tengo un planning muy largo y ambicioso por delante con este proyecto y estoy muy ilusionado con él. La tecnología que durante varios años intenté usar y que nunca logré dominar del todo ahora ha progresado tanto que me resulta todo mucho más sencillo. Los game-engines ahora tienen unos precios muy asequibles y son herramientas super poderosas a la hora de recrear con realismo fotográfico todo tipo de ambientes. Las herramientas 3D gratuitas son también una maravilla. Todo, en definitiva, ha progresado a un punto que esté al alcance de cualquier particular, y no sólo de los grandes estudios, el crear detallados mundos virtuales.

Os animo a que os suscribáis a los feeds. Las nuevas webs son éstas:

Reflector del pasado (español)

Reflector of the Past (english)