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Archive for 28 octubre 2013

En el futuro nuestra realidad será tanto física como virtual. Es algo que quizá no nos hemos dado cuenta de que ya ha empezado a ocurrirnos. Llevamos bastantes años utilizando máquinas para hacer operaciones que antes necesitaban de un medio alternativo para realizarse. El modo por el que accionamos esas máquinas, la interfaz, puede haber variado bastante desde los pedales y los pulsadores, pasando por las teclas, hasta las pantallas táctiles, pero todo en esencia es lo mismo. Virtualizamos nuestro mundo para hacerlo accesible a nuestros sentidos en nuevas formas más eficientes.

Haz la prueba. Enciende tu portátil. Inicia el procesador de texto. Lo que verás es una hoja de papel en blanco, una hoja virtual que sólo existe en la pantalla, una representación ficticia de una hoja de papel real en la que podemos ir escribiendo y ver nuestra escritura exactamente como quedará cuando sea impresa.

La pantalla del ordenador es nuestra ventana hacia un mundo virtual en dos dimensiones en que tenemos un escritorio virtual donde colocamos un reloj, fotos de nuestros familiares, documentos y cualquier otro elemento que pueda representarse dentro de ese mundo.

Ese mundo de la pantalla del ordenador es mucho más rico y variado de lo que nos deja apreciar el limitado marco de sus píxeles. Dentro de él pueden representarse amplios mundos virtuales tridimensionales que rayan visualmente con la realidad física. Nos comunicamos con la máquina a través de una teclado y un ratón, o quizá con los dedos sobre una superficie táctil, pero todo esto sabe a poco para quien aprecia que dentro de un ordenador pueden erigirse auténticas realidades paralelas. Realidades que pueden perfectamente competir con sus homólogas físicas de cara a nuestros sentidos.

Imagina colocarte unas gafas de realidad virtual que una vez ajustadas no te permitan ver más que una pantalla que se extiende todo a tu alrededor, no importa cuánto gires la cabeza. Imagina que la pantalla tiene una densidad de píxel superior a la capacidad de percepción del ojo humano. Imagina que esa pantalla ofrece profundidad estereoscópica tridimensional gracias a disponer imágenes distintas para cada ojo. Imagina que la pantalla presenta ante tí un mundo fotorrealista en el que es imposible apreciar la diferencia con un mundo real. En ese momento la pantalla desaparece ante tu vista. Tu cerebro no es capaz de determinar si se encuentra ante algo real o ficticio. Para tí estás dentro de una habitación nueva, de un espacio imaginario pero que asumes como igualmente físico. Estás dentro del mundo del ordenador. Has entrado.

Sergey Orlovsky probando el Oculus Rift (Fuente: Wikipedia)

Sergey Orlovsky probando el Oculus Rift (Fuente: Wikipedia)

En ese momento todo lo que siempre soñaste poder hacer con la máquina resultará posible. Habremos roto las antiguas limitaciones.

Yo me imagino en ese momento usando un dispositivo de captura de movimiento de mis manos y extremidades. ¿Quiero escribir? Tendremos multitud de mesas, sillas, teclados, y todo tipo de objetos a nuestra disposición sin más que pedírselo a nuestro “mayordomo” virtual, un agente que tendrá el aspecto que queramos, y que será el encargado de dar un toque real a este mundo ficticio en que todo está a nuestro alcance. Elegiré un teclado, y me pondré a teclear en él, viendo mis dedos virtuales hundirse en ese teclado y escribiendo, mientras la gente a mi alrededor sólo me verá dar golpecitos en una mesa vacía. Es la realidad virtual. Ellos no pueden verla a no ser que se conecten unas gafas y entren en “mi mundo”. Es una nueva frontera.

¿Quieres ver cómo es estar al volante de un fabuloso super deportivo? ¿Quieres pasear por una cálida playa al atardecer? ¿Quieres visitar una ciudad lejana, conocer el interior de un edificio histórico tal y como fue, ir a un museo o ver una peli 3D en el cine sin moverte de casa?

¿Crees que hablo de ciencia-ficción? ¿De algo que ocurrirá el siglo que viene? Para nada. Es algo que sucederá en este decenio en el que estamos. Mucho antes de lo habíamos pensado. Llevamos ya muchos años explorando las posibilidades, pero nunca había dado la industria el paso al sector de consumo masivo. El usuario doméstico estaba conforme con la pantalla y el teclado. Eso está cambiando. Ahora tenemos potencia para ejecutar contenido de un realismo gráfico que alcanza prácticamente al del mundo real. El momento ha llegado. Un poco más de potencia, unas pantallas todavía más densas, y la imagen desaparecerá. Simplemente, creeremos que estamos ahí dentro porque creemos en lo que vemos.

Están aparenciendo una pléyade de productos destinados al mercado del consumidor básico. Desde el Oculus Rift, pasando por el Stem de Sixense, el PrioVR, el Kinect de Microsoft, el Leap Motion, el Virtuix Omni… La lista es interminable. Cada artilugio busca cubrir una de las capacidades humanas, ya sea la vista o el movimiento.

Con unos precios razonables y toda la industria del entretenimiento y de la informática en general revolucionada, estos cacharritos se van a convertir en muy comunes dentro de poco en nuestras vidas, tanto como ya lo han hecho el teclado y el ratón.

Bienvenidos a la nueva era. Y tened cuidado al regresar a la realidad real. Puede que quizá os empiece a gustar menos que la virtual.

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