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Archive for 1 marzo 2014

Me encanta la Historia, y me entusiasman las nuevas tecnologías. Y si juntamos las dos cosas, pues ya no quiero ni contar.

Ya he comentado anteriormente que la Realidad Virtual, eso de lo que tanto se habló en los 90 pero que luego se olvidó tan rápido a como surgió, está volviendo con fuerza en este mismo año, con una fuerza como nunca había tenido. Multitud de nuevos dispositivos a precios mucho más razonables que lo que venía siendo habitual van a hacer posible que dentro de poco todos podamos disfrutar de esta apasionante tecnología en nuestros hogares. Está por ver si triunfará hasta el punto de convertirse en algo tan habitual en nuestras vidas como ha sido la televisión o el teléfono móvil. Pero estoy convencido de que marcará un antes y un después.

Las Navidades pasadas me auto-regalé un juguete muy interesante: las gafas de realidad virtual Oculus Rift. Llevaba tiempo leyendo y viendo cosas sobre el aparato y no lograba captar el motivo de porqué tanta gente se sentía emocionada y entusiasmada con él. ¿Qué es lo que veía la gente al ponérselo? ¿Era tan extraordinario como se comentaba? No pude aguantar más curiosidad y me lancé a hacerme con uno. Tras sólo diez días de espera me llegó a casa el producto, muy bien embalado y presentado en su caja. Dejé pasar el día y en cuanto se hizo el silencio en casa conecté el chisme, que no me llevó mucho, descargué de la web de la empresa que lo fabrica unos ejemplos que tienen, y me puse las gafas, la verdad con más excepticismo que otra cosa.

Las famosas gafas Oculus Rift

Las famosas gafas Oculus Rift

La primera demostración que probé era una acogedora villa de la Toscana situada junto a un lago. Visualmente tenía un aspecto muy equilibrado, con un realismo más que suficiente que sólo era destruido en parte por la escasa nitidez que tiene el dispositivo. Pero lo que brillaba por sí solo, lo que te dejaba perplejo los primeros minutos, era esa sensación de que mi habitación había desaparecido, que estaba en otro lugar. Todo tenía las proporciones y la profundidad que esperamos ver en los objetos, todo se veía a mi alrededor en cuanto giraba la cabeza. Si me ponía de pie, sentía una imperiosa necesidad de echar a andar, aun cuando sabía que el cable que me conectaba al ordenador no daría de sí. Esto no era como mirar al monitor del ordenador, en el que todo parece estar pegado encima de la pantalla. Aquí no hay pantalla. Sólo percibes que existe por causa de un efecto de rejilla, algo molesto, que se debe a la escasa definición de la pantalla. Pero no importaba porque esa sensación real a más no poder de estar dentro de otro sitio no te la quitaba nadie.

La demo de la villa en la Toscana

La demo de la villa en la Toscana

Es difícil describir con palabras la primera sensación. Me entró la risa, no pude reprimirla porque me sentía incrédulo de que de verdad aquel sencillo aparatejo colocado en mi cabeza me estuviera haciendo ver lo que veía. Aunque pasado el primer momento de euforia en seguida me puse serio y empecé a percibir algunas carencias que tiene el aparato (es un prototipo, nada más), la verdad es que para alguien que nunca había probado antes ningún aparato de Realidad Virtual, no me costó comprender por qué esta tecnología puede revolucionar nuestras vidas.

Puesto en pocas palabras: crea verdaderamente la ilusión, aquella ilusión con la que soñamos alguna vez en los 90. Te hace creer que estás dentro de otra realidad, una hecha por el ordenador, pero que si está recreada con calidad fotográfica, nos puede llegar a parecer tan real como la vida misma. Suena demasiado exagerado, pero no lo es. Cuando probé diferentes aplicaciones me dí cuenta de ello. Si tenía que caminar por la cornisa de un edificio, sentía vértigo; si me detenía debajo de la luz muy intensa de una farola, mis ojos se resentían y tenía que mirar hacia abajo; si saltaba desde un lugar ligeramente elevado, mi corazón daba un vuelco con esa misma sensación que tenemos cuando tomamos un repentino cambio de rasante en una carretera. Es decir, tu mente sabe que es una simulación hecha por el ordenador, pero tu cuerpo no, y él reacciona con los estímulos de la misma forma que lo hace en la vida real. Sencillamente, es una experiencia única y fascinante. Es comprobar hasta que punto los seres humanos, en el fondo, no somos más que pequeñas máquinas fácilmente manipulables.

Mi creativa cabeza en seguida empezó a dar vueltas en torno a un viejo proyecto que siempre quise hacer realidad pero que por unas u otras causas nunca logré hacer progresar: la recreación de lugares históricos de la Antigüedad. Busqué por Internet durante horas acerca de este tema mezclado con Realidad Virtual y el hecho es que no hay prácticamente nada aun cuando todo el mundo coincide en señalarla como una de las aplicaciones prácticas más destacadas de la Realidad Virtual. Poder pasearse por la antigua Roma imperial, o caminar entre los magníficos templos de la Acrópolis, o ascender al mítico Templo de Jerusalén… Siempre he estado pensando que antes o después alguna empresa sacaría productos de simulación tan impresionantes como estos, pero la verdad es que nadie ha sacado nada hasta ahora, y mucho menos orientados a la Realidad Virtual. Todo lo más que uno puede hacer es jugar a videojuegos como la saga Assassin’s Creed, que permiten experimentar cierto grado de recreación histórica.

Bueno, pues a lo largo de futuras entradas iré compartiendo en este blog mis andanzas en un proyecto que ahora voy a iniciar, y que tendrá por nombre el “Reflector del Pasado”. Una suerte de aplicación interactiva que espero construir poco a poco usando un montón de tecnologías que me apasionan. A todos los que sigáis este blog espero que el tema os resulte de interés. ¡Nos vemos en la otra Realidad!

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