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Archive for 28 septiembre 2017

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Ha empezado otro curso escolar. Y con él vuelven los temidos gastos para las familias. Los libros escolares. Nunca faltan a la cita con el bolsillo de los sufridos padres de este país. La ironía es que en España la educación primaria y secundaria es gratuita. Todo el mundo puede acceder a ella. Pero luego, a la hora de la verdad, hay que gastar una ingente cantidad de dinero en material escolar. ¿Por qué? Vamos a decirlo claro: porque en este país sigue funcionando la corrupción y los chanchullos. Porque España es el país de los “listillos”, de los que tienen contratos a dedo y prebendas de por vida. Es así.

De este modo, la industria editorial, que normalmente estaría de capa caída a raíz del surgimiento del libro digital, aquí vive sus mejores momentos. Cada curso escolar los libros de texto vuelven a ser editados, una y otra vez, a pesar de que es algo incomprensible. De un año para otro ¿cambia mucho la geografía de nuestro planeta? ¿El sistema solar se agranda? ¿La biología de las especies se modifica? ¿Hacemos las sumas y las multiplicaciones de distinta manera? Es una vergüenza que no haya en España unos libros escolares unificados, generales y estables, que perduren un mínimo de diez años en su validez. Siempre se pueden añadir pequeños apéndices cada cierto año a los libros “oficiales” que contengan las mínimas diferencias que necesiten ser añadidas. Pero no. Este sistema no proporcionaría los jugosos dividendos con los que todos los años se llena las manos la industria editorial.

La situación es tan grave para las familias, que se dejan todos los años bastante más de cien euros por cada niño en las librerías, que muchos centros escolares han tenido que promover campañas de reutilización de libros para aliviar esta situación. Resulta penoso que el gobierno de la nación no tome las riendas de esta situación y tengan que ser los centros educativos los que palíen este desastre.

Me da pena ver cómo vivimos en un mundo de grandes oportunidades tecnológicas, pero a nivel educativo, seguimos en la Edad Media. Los niños siguen acarreando decenas de libros, algunos voluminosos, día tras días, a sus centros escolares. Llegan a ser tan pesadas las mochilas que no es raro verles portar una maletita con ruedas para poder acarrear semejante peso. Y yo luego llego a mi trabajo, después de dejar a los niños en el colegio, y allí no tenemos libros. Sólo usamos el ordenador para todo: para escribir correos, para consultar unos datos, para leer un informe. Para todo. Y si quiero tomar notas el teléfono móvil que uso tiene un lapicero que permite hacerlo.

No sólo gastar papel es anti ecológico. Es una necedad de nulo sentido práctico. Si un niño pierde su cuaderno de apuntes, ha perdido un trabajo de centenares de horas. Ha perdido todo su trabajo de un año. Y si pierde un libro de texto pierde con él todas sus anotaciones y subrayados. El nuevo que compre ya no traerá todo eso.

El papel y el papiro estuvo bien en la época de los egipcios. En los tiempos modernos, lo digital añade miles de mejoras y utilidades al papel. Imaginemos por un momento cómo sería un mundo en el que los niños sólo usaran materiales digitales en la escuela.

Para empezar, en una España utópica el estado proveería a cada niño de una tablet. Sin coste. El coste de una tablet es diez veces menor que el coste de todos los libros de texto que un niño tendrá que adquirir a lo largo de su vida lectiva. Así pues, un niño, una tablet. Un pequeño dispositivo, del tamaño de un cuaderno grande, que vendría acompañado de lapiz táctil con el que poder escribir y dibujar a la manera natural. Y dentro, precargadas, vendrían todas las aplicaciones que el niño necesitaría para todos los cursos escolares de toda su vida de estudiante. Eso incluiría todos los libros de texto, que ahora serían digitales, todos los cuadernos de ejercicios, que de nuevo serían puramente digitales, amén de software para hacer la vida más fácil al estudiante, como una aplicación para tomar notas y recordatorios, el calendario y horario con una agenda, y una aplicación estilo Wasapp para poder comunicarse de forma directa con sus profesores en todo momento y con la que enviar los trabajos hechos en la tablet así como recibir la notas y puntuaciones.

Esto significaría que de pronto las calles se inundarían de niños que en vez de portear maletines como si fueran esclavos, llevarían un cómodo ordenador portátil bajo el brazo de menos de medio kilo de peso. Además, cada niño tendría una cuenta sincronizada con la nube en la que a modo de copia de seguridad se iría guardando todo el trabajo que hiciera con las aplicaciones escolares. Todas sus anotaciones en los libros, todos sus ejercicios, todos sus recordatorios, nada de todo eso se perdería si el niño perdiera la tablet o se le rompiera. Al llegar a la nueva tablet y entrar en su cuenta, todo volvería a quedar exactamente como lo tenía originalmente.

De pronto, todos los niños tendrían acceso a Internet para poder hacer sus trabajos, algo que aunque parezca mentira, desgraciadamente falta aún en muchos hogares españoles. Internet en el mundo que corre es vital para la educación de los niños. Ahora pueden obtener de ahí millones de recursos en forma de artículos de la Wikipedia, páginas web educativas o vídeos musicales. Es el complemento perfecto para las clases, y además es fundamental para la comunicación integral entre profesores y alumnos. Que cada aula tenga su propio grupo de mensajes, al estilo de Wasapp, permitiría a los profesores aclarar dudas y seguir ayudando a sus alumnos en todo momento y lugar, no sólo dentro del horario lectivo. Los chicos estarían mejor informados de qué tienen que hacer y cómo, aprenderían a comunicarse en los servicios de mensajería, algo esencial en mundo laboral actual, y los profesores, que también tendrían su propia tablet con aplicaciones específicas para ellos, verían enormemente facilitada su labor docente.

Internet tiene también sus riesgos por lo que precisamente por eso la tablet que usarían los estudiantes no podría ser una cualquiera, sino una proporcionada por el estado, que incluiría en ella sistemas de filtros no eliminables y controlables por los padres, para asegurarse de que los niños cuando acceden a la Web, siempre lo hacen a contenidos adecuados a su edad. Ya no tendrían los padres que lidiar con tediosas configuraciones para filtrar contenidos. Todo esto estaría integrado de forma nativa en las únicas aplicaciones disponibles en esta tablet, que sería un aparato destinado única y exclusivamente a la educación de los niños, no a que puedan instalar juegos o ver todo tipo de videos por Youtube. La tablet estaría limitada en sus capacidades a lo que exclusivamente necesitan los alumnos.

Las posibilidades que abriría esta “tablet escolar” serían infinitas. Todos los eventos escolares estarían resaltados de forma relevante en ella nada más encenderla. Su agenda, su calendario, la comunicación con el centro. Todo se haría a través de ella. Los centros estarían mucho más integrados con las familias, y éstas se sentirían formar parte de los centros de un modo más completo. Los avisos oficiales, el envío de documentación, las solicitudes, matrículas, todo, TODO, podría hacerse a través de ella, con constancia de respuesta, con guardado automático de copia de seguridad de todo documento, sello y firma. La gestión de los centros se reduciría a la mitad gracias a la digitalización de todos los procedimientos. Y además, se terminaría la necesidad de que cada centro gastara recursos para su página web. Las propias aplicaciones “estatales” que vendrían de forma oficial en la “tablet escolar” servirían de página web. Una página web siempre tiene docenas de limitaciones frente a lo que permite hacer una “app” nativa adaptada en específico a un uso dentro de un dispositivo concreto.

Podría seguir durante horas enunciando las mil y una virtudes que el “paso a lo digital” tendría para la educación escolar. Pero creo que es suficiente con esto. Mientras la corrupción y los chanchullos sigan rigiendo la vida de los españoles, esto no pasará nunca. Siempre estarán las editoriales españolas chupando de un bote que les aporta cuantiosas ganancias a expensas de las familias, y seguiremos teniendo una educación primitiva y obsoleta. Hacen falta voces discordantes que levanten la voz para denunciar este retraso estúpido y sin sentido, y al menos aquí va la mía.

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