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Archive for 5 diciembre 2017

La muerte del motor de combustión

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Los editores de algunas revistas del motor no se enteran de lo que pasa. O no se quieren enterar. El motor de combustión no va a ser eterno. Tiene los días contados como lo tuvo en su día el caballo o el motor de vapor como medio de transporte.  Es ley de vida. Unas tecnologías más avanzadas dejan a las anteriores obsoletas. Y actualmente, ya disponemos de una tecnología que deja completamente desfasado al motor de combustión: el motor 100% eléctrico usando baterías.

Otra cosa muy distinta es que los fabricantes de coches estén dispuestos a transicionar hacia esta nueva tecnología porque a diferencia del caballo o el motor de vapor, aquí los fabricantes saben que perderán dinero. El modelo de negocio actual, basado en la obsolescencia programada, ha dado importantes beneficios a la industria de la automoción. Un negocio basado en la electricidad y las baterías reduciría drásticamente los ingresos de las actuales empresas fabricantes de coches y otros vehículos. Y eso lo sabe bien gente como Sergio Marchionne, CEO de Fiat Chrysler, que asegura “que no hay un modelo económicamente viable para la producción de coches eléctricos”. No la hay, es cierto, si uno pretende seguir manteniendo su modelo de negocio antiguo. Pero es que eso es lo mismo que le pasó al que se empecinó en seguir manteniendo un negocio de carros tirados por caballos a principios del siglo pasado.

Los modelos de negocio se tienen que adaptar a los tiempos. Cuando una nueva tecnología irrumpe, no se puede hacer nada por contrarrestarla. Siempre vendrá alguien que hará ver al mundo que la nueva tecnología supera a la antigua. Y una vez hecho eso, es sólo cuestión de tiempo que decenas de nuevos o antiguos fabricantes se sumen a la idea de cambiar.

Los fabricantes se pueden resistir con todos los argumentos que quieran. Pueden tratar de retrasar al máximo su proceso de conversión, pero al final, se verán obligados a transicionar a la nueva tecnología emergente.

En pleno surgimiento de los grandes avances en movilidad eléctrica muchas empresas y fabricantes están prometiendo “ahora” todo tipo de avances en los motores de combustión. Que si el motor Duratec V6, que si el V8 modular, que si los diésel Euro6… Todo esto es lo mismo que hizo el que tenía caballos hace un siglo. Trató por todos los medios de abaratarlos, de hacerlos mejores, pero al final, los coches de combustión mataron al caballo como medio de transporte. Tenían muchísimas más ventajas, a pesar de sus inconvenientes, que los caballos. Y ahora está pasando lo mismo con algo nuevo.

Los carburantes fósiles se acaban. ¿Cuánto tiempo nos queda? Nadie lo sabe, pero al ritmo loco en el que estamos quemándolos, decir más de 100 años es muy aventurado. Muchos quieren fabricar el combustible, o usar gas licuado, hidrógeno, o cualquier otro medio costoso y complicado de propulsión, y no se dan cuenta de que ese proceso de fabricación siempre será varias veces más caro que fabricar electricidad recogiéndola mediante alguna de las formas sostenibles y ecológicas de hacerlo que existen (eólica, solar, hidráulica, geotérmica…). Ningún coste de fabricación de combustible podrá competir con los precios de la electricidad que ya tenemos y que tendremos dentro de 10 años. Este será uno de los grandes clavos en el ataúd del motor de combustión.

Otro gran clavo en el ataúd del motor de combustión se llama Tesla. Esta empresa se ha propuesto como objetivo demostrar al mundo que los coches y vehículos 100% eléctricos son notablemente superiores a sus homólogos de combustión en todo. TODO. Que son más rápidos, más eficientes, más seguros, más potentes, más duraderos, que tienen más autonomía, y que pueden recargar incluso más rápido que un coche tradicional. Y para no dejarnos nada, hoy no, pero en un futuro muy próximo serán incluso más económicos que los coches tradicionales. Sólo lleva 10 años tratando de demostrar esto al mundo, y este año, 2017, lo han conseguido.

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El vehículo para hacerlo realidad se llama Tesla Roadster, y es la expresión máxima de la maravilla de la tecnología. Es el sumun de lo que nuestros avances actuales han conseguido en automoción. Es la punta de la lanza de un futuro eléctrico que nos va a invadir en muy breve. Las especificaciones de este coche dejan en el más absoluto ridículo a los mejores superdeportivos del momento. Velocidad máxima superior a los 400 km/h, aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 1,9 segundos, 1.000 kilómetros de autonomía, 4 asientos y un precio por debajo de los 200.000€ cuando cualquier coche actual de Ferrari o Bugatti que intenta acercarse a estas cifras locas de rendimiento supera los varios millones de euros.

Y esto es “sólo” lo que han conseguido en 10 años de I+D. Claramente es un mazazo total y absoluto contra la industria de la automoción. Como lo es el anuncio del primer camión 100% eléctrico por parte de Tesla, y de su futura red de megacargadores, con potencias de salida superiores a 1MW que permitirán que los coches eléctricos de Tesla reposten en menos de 10 minutos, lo mismo que en una gasolinera actual pero sin mancharse, sin necesidad de un operario que atienda la gasolinera, y sin colas al pagar.

No es sólo la industria de los automóviles la que va a tener que cambiar. La muerte del motor de combustión se va a llevar consigo a toda la industria actual del transporte por carretera, por mar, y por supuesto, a la industria petrolera. Sólo queda un panorama posible para todos estos sectores. Convertirse también, o morir. Porque la tecnología no espera a nadie, no entiende de costes, no piensa en si la gente está dispuesta o no a cambiar. La tecnología irrumpe sin preguntas, de sopetón, trayendo mejoras que antes eran inimaginables para el mundo. Y sólo deja la opción de adaptarse.

Todos los fabricantes actuales tanto de vehículos como de combustibles se encuentran en una posición perfecta para realizar esta transición cuanto antes. No será fácil, pero al menos les asegurará un futuro. Tienen un enorme músculo financiero gracias a las decenas de años que han estado enriqueciéndose a costa de un negocio que destruye nuestro planeta y nuestra salud. Si desean resistirse al cambio que viene, podrán hacerlo, pero su único destino posible será la extinción, porque ocurrirá más pronto o más tarde, pero el único futuro posible que acaba de establecerse, mientras no se descubra una nueva teconología que la supere, es el de la electricidad.

 

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