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Recientemente he recibido la liquidación y resultados de lo que ha sido un año a la venta de mi novela “El predicador”, que quien haya leido este blog sabrá que se ha distribuido exclusivamente en digital.

Al recibirla y ver los pobres resultados que ha obtenido me he decidido a hacerme una reflexión que quiero compartir con todos los ocasionales lectores que pudieran recaer en este blog. Quién sabe, quizá aporten ideas a otros.

En España apenas se venden libros digitales. No hace falta asegurarlo. La venta digital de libros es puramente testimonial al lado de las ventas en papel. No ocurre así en otros países. En Estados Unidos, por ejemplo, algunas tiendas como Amazon ya venden más en digital que en papel, y hablamos de tiendas que tienen una cuota enorme del mercado de los libros en ese país.

Para hacerse una idea de lo mal que está el tema bastará con que repita lo que se me comentaron a mí dos personas expertas: “Un escritor español reconocido y con buenas ventas en papel puede estar vendiendo en digital de un libro suyo no mucho más de 200 ejemplares digitales al año”.

Suena exagerado, pero no lo es. Teniendo eso en cuenta, los pésimos resultados en ventas que ha obtenido mi novela no me resultan tan gravosos. Es lo que hay.

Uno se pregunta si interesa publicar en digital, al menos en España. Quiero decir, durante este año he multiplicado cuanto he podido la labor de difusión de mi obra, creando ejemplares gratuitos en papel, contactando lectores, difundiendo la obra en las redes sociales, haciendo publicidad digital, siendo apoyado por una reputada agencia literaria, y el resultado ha sido terriblemente modesto. Y me ha supuesto un ingente gasto.

Cuando empecé esta andadura, si alguien me hubiera preguntado por el libro digital en España, le habría dicho sin dudar: “Por supuesto que interesa apostar por lo digital. Es el futuro, y además el español es un idioma muy hablado en todo el mundo, y la publicación en digital tiene la ventaja de que puede llegar con gran facilidad a todas partes.” Pero una segunda reflexión me hace considerar si no será todavía un momento muy prematuro en nuestro país para lanzarse a esta aventura, sobre todo si se es un escritor nada conocido tratando de difundir sus primeras obras.

Se piratean muchos libros, y de forma indiscrimada. Y además, o quizá a causa de esto, la oferta que hay de las editoriales es baja, lo cual hace que las tiendas digitales tengan poco contenido, y que además mucho de ese contenido esté siendo rellenado por autores que se auto-editan, de forma que las tiendas digitales tratan de compensar sus carencias, pero a costa de una pérdida irremisible de calidad y de buena imagen de cara al consumidor, que al final lo que provocan es el efecto contrario. En definitiva, una pescadilla que se muerde la cola y que ocasiona que el mundo digital no despegue en nuestro país, a pesar de las innegables ventajas que conlleva.

A eso hay que sumar la galopante crisis que vive el país y la ecuación se hace insostenible. Sencillamente, en España no conviene publicar en digital, o mejor dicho, no conviene publicar sólo en digital o promocionarse sólo en digital. Si se hace es por pura necesidad del desesperado que quiere ver publicada su obra a toda costa y evitar el riguroso filtro editorial que le impide ir por el duro camino de la venta clásica en papel.

Paradoja: lo que debería convertirse en un firme aliado de los autores noveles, se está convirtiendo en su perdición.

Alguien me dirá que esto no es así, que muchos escritores están despegando gracias a estas nuevas oportunidades digitales. Yo diría que solemos fijarnos más en los casos de éxito que en los fracasos. Frente a cada escritor que ha conseguido saltar a la fama mediante la publicación digital por medios alternativos, como la famosa autora de Sombras de Grey, nos olvidamos de los mil autores que están tratando de hacer lo mismo sin éxito alguno.

Para mí, personalmente, el éxito es algo muy relativo. Yo no mediría el éxito por las cifras de ventas. El día en que yo dí por exitosa mi novela fue el día en que un par de agentes literarios serios y de marcada experiencia me dijeron que aunque mejorable, como todo, la novela estaba muy bien escrita y merecía publicarse. A partir de ahí, que aparezca repentinamente un público para ella y se vuelva conocida ya me parece secundario en lo que al éxito se refiere. Sería agradable, pero no indicativo, de que realmente he escrito algo de calidad.

Cuando uno va a la librería y se pasea por sus estantes y se da cuenta de que se venden muchos libros cuyo único mérito es que el autor es alguien conocido de la televisión, no puede dejar de observar que al final, lo que el público quiere no es calidad literaria, sino historias y contenidos que le interesen. Da igual quién los escriba o cómo lo escriba.

No hay una fórmula exacta que determine por qué una historia va a tener éxito y otra no. Hay autores, hay un impulso interior que los motiva a escribir sobre algo que les entusiasma, y hay lectores. Y a veces los gustos de unos y otros coinciden, y a veces no. Sin ecuaciones. Son simplemente modas. Pero las modas, ya se sabe: van y vienen, y vuelven a irse y vuelven a venir.

Por lo que respecta a los autores, yo creo no podemos estar condicionados por estas cosas. Como me ha ocurrido a mí, por ejemplo. Un amigo me comentaba que me sería mucho más rentable que en lugar de publicar libros digitales de seiscientas páginas, los dividiera en pequeñas partes de no más de doscientas. Tenía toda la razón desde el punto de vista del marketing y de las expectativas del público digital, pero perdía de vista una cuestión mayor. Esto es literatura, no es solamente negocio. No escribo porque quiera ganar mucho dinero vendiendo libros. Escribo porque necesito contar cosas, porque me arde un deseo fuertísimo de contarlas, y no puedo contener esa necesidad. El número de páginas, la temática, la moda actual, los formatos, y todo lo demás, me preocupa “cero” cuando escribo. No es algo en lo que piense ni en una sóla línea mientras ocurre la escritura.

Eso viene luego, cuando te das cuenta de que sería una buena idea publicarlo, y te das cuenta de que publicar, por desgracia, sigue unas pesadas reglas de negocio. Eso viene cuando averiguas las cifras de ventas de libros, y el coste de los libros, y las pautas de lectura, y los temas más candentes, etc. Te das cuenta de que el libro está intentando competir con otros poderosísimos medios de contar historias, como la televisión, el cine, o los videojuegos. Y por desgracia para el libro, él es el más frágil de todos. Desde el punto de vista del consumidor, el libro es el objeto menos atractivo. La novela no tiene imágenes, y las imágenes tienen mucho poder de transmisión de emociones. Si el consumidor fuera quien dictara todas las normas, el libro desaparecía. Pero el libro tiene una ventaja enorme desde el punto de vista creativo: es mucho más económico que la televisión o el cine o los videojuegos. Bastan unas hojas de papel, un lápiz, y pueden surgir ahí las mayores historias. De hecho, todo empieza siempre por una hoja de papel y un lapicero, y muchos garabatos iniciales.

El libro exige al consumidor un esfuerzo. Es una historia sin imágenes. El lector tiene que hacer su composición, en su mente, de lo que está leyendo. Tiene que crear las imágenes en su cabeza. Una película, o un videojuego, son esas imágenes ya creadas para el consumidor. No tiene que esforzarse, no tiene que dedicar tanto tiempo a visualizar esa historia.

Es lo que hay. Es la era de lo digital y de los múltiples medios para contar historias. Ahora tenemos muchísimas más posibilidades que nunca, tenemos todo lo que siempre soñamos. Miles de libros al alcance de nuestro mano, miles de autores pudiendo llegar hasta nosotros y ofrecernos sus creaciones. Pero lo tenemos todo, y no tenemos nada. Porque el dinero lo trastoca todo, lo deforma y lo desvirtúa hasta volverlo una caricatura de sí mismo.

Es la era de lo digital, sí, pero es todavía demasiado pronto. Es la primera fase. La verdadera era digital, la buena, la que resulte ventajosa para todos, esa aún está por llegar.

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Ya he comentado anteriormente que en la distribución de contenidos multimedia (libros, música, películas…) por regla general no se están haciendo bien las cosas, y no se están adecuando las empresas a lo que de verdad demandan los consumidores. Pero traigo aquí otro par de casos de los que sí lo están haciendo y muy bien.

Safari O’Reilly

http://my.safaribooksonline.com/

oreilly

En mi profesión como programador de aplicaciones cartográficas siempre he necesitado estar al día de lenguajes de programación, plataformas de desarrollo y demás temas que varían considerablemente tan sólo de un año para otro. Adquirir libros técnicos resulta poco interesante porque quedan obsoletos en un plazo muy breve. Adquirirlos en papel resulta además sumamente engorroso, porque estos libros suelen ser guías muy extensas y voluminosas.

La solución: el modelo de subscripción de O’Reilly. Poder disponer de él en mi trabajo ha sido un avance enorme. Con un catálogo gigantesco, más de 25.000 títulos, prácticamente cualquier libro informático está ahí, y por unos 40€ mensuales se puede acceder a todos ellos, leerlos online o bien descargarlos para leerlos offline. Además, O’Reilly va todavía más allá y ofrece servicios web adicionales, como vídeo-tutoriales, código fuente y ejemplos. Y por supuesto, accesible desde la Web y desde apps para todos los dispositivos móviles.

Spotify

https://www.spotify.com/es/

spotify

Es la música elevada al cubo. Con un catálogo de más de 15 millones de canciones y más de 3 millones de subscriptores de pago (yo uno), y otros 7 millones gratuitos, es el sistema de escucha de música mediante subscripción más exitoso del planeta. Su secreto: un precio ajustadísimo y soporte a todos los dispositivos. Por unos 10€ mensuales tienes acceso a todo el catálogo cuanto quieras, incluso a escucharlo offline, y desde cualquier PC (Windows, Linux, o Mac) o móvil (Android, iPad, iPhone) e incluso Web. Por supuesto a esto no podía faltar un conjunto de servicios adicionales para compartir la música que más nos gusta con amigos y hacerla pública, convirtiéndose a su vez en la mayor red social sobre música.

Los tres pilares

Por resumir, lo que he comentado ya. Los tres pilares de cómo hacer bien las cosas: buen precio, grandes catálogos, y servicios adicionales.

Iniciativas en España

Recientemente han surgido en España y están surgiendo iniciativas muy parecidas y que están en muy buen camino, como 24symbols y Reedig, y dentro de poco otra más Nubico. Las ideas me parecen geniales y muy acertadas. A estas empresas sólo les falta uno de los pilares para triunfar: catálogo, catálogo, y más catálogo. Que cuando alguien piense en un libro en español, el que sea, diga: “Está ahí”. En cuanto tengan eso se convertirán en el siguiente Spotify de los libros.

24symbols

reedig

Me ha parecido muy interesante la documentación que la gente de 24symbols ofrece en su web. Recomiendo su lectura.
http://www.24symbols.com/docs/FAQ24symbols_es.pdf

Cito:

Lectura social es el término que se ha acuñado para referirse a la capacidad de interactuar con otros lectores, antes, durante y después de la lectura. Al estar leyendo desde un dispositivo conectado a Internet, es posible recomendar un libro en redes sociales, comentar o compartir citas con tus amigos, curiosear qué lee o qué le gusta a un amigo que para nosotros es un referente en cuanto a gustos literarios, conversar sobre el libro que nos apasiona… en cuestión de  segundos y en unos pocos clicks. Estas opciones son clave para las nuevas estrategias de marketing online que estarán detrás, necesariamente, de los éxitos literarios del futuro.

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No soy un gran fan de los videojuegos, pero reconozco que siento cierto atractivo por algunos de ellos, sobre todo por aquellos en los que se combina un gran entretenimiento con una historia interesante y sobre todo con una buena recreación del mundo antiguo. Recientemente se ha lanzado la última edición del juego Assassins Creed, y como yo suelo ir como tres años por detrás en estas cosas de los videojuegos, y ya que no me voy a comprar aún el último título a la venta, al menos me he propuesto jugar a las ediciones anteriores.

Una de las cosas que siempre me ha echado hacia atrás a la hora de consumir videojuegos es su precio, que siempre he considerado abusivo. Aunque un juego puede proporcionar centenares de horas de entretenimiento, esos 50 o más euros que vienen costando los últimos lanzamientos los hacen verdaderamente prohibitivos. Desde luego no es este el mejor medio para dejar de fomentar la piratería.

Ya comenté en una entrada anterior que el mundo de los libros electrónicos estaba también sufriendo de un problema similar: escasez de ideas a la hora de incentivar el consumo y a la hora de combatir la piratería.

Por eso ha sido un grato descubrimiento para mí durante este último año el servicio online de Steam. Para quienes no lo conozcan se trata de una tienda de videojuegos por Internet, donde en lugar del envío físico del disco del juego a casa, la compañía lo que nos vende es la descarga directa del juego y una serie de servicios asociados. Con una política constante de ofrecer gran cantidad de ofertas, se han convertido en el referente de la venta online de videojuegos con millones de usuarios por todo el mundo. Con descuentos de hasta el 50% y el 75% en muchos juegos, cualquiera puede beneficiarse de la compra de un título por 5 a 10 euros, un precio mucho más razonable para productos que ya llevan dos o más años en el mercado.

Esto es algo de lo que no parecen querer enterarse el resto de empresas dedicadas a la comercialización de productos multimedia digitales. Es posible hacer mucho más dinero vendiendo de otra manera y siendo imaginativos. Yo diría que son necesarios tres requisitos para ofrecer un producto que atraiga clientes:
1- Un amplio catálogo de productos. En Steam se tomaron muy en serio esto, tanto que prácticamente son raras las excepciones de videojuegos que no están disponibles en su plataforma. Su apuesta por sacar videojuegos compatibles incluso con Mac y con Linux resulta encomiable.
2- Una serie de servicios añadidos. Ya no vale con vender y olvidarse del cliente. Hay que ofrecer más, una experiencia más rica. Por ejemplo, Steam permite a los usuarios que compartan sus experiencias al jugar, que almacenen sus partidas en una copia de seguridad para nunca nadie pierda la comba de un juego por culpa de un incidente con el ordenador, etc. Todo esto da mucho más valor al producto y lo hace mucho más atractivo.
3- Por último, y más importante, el precio. Un precio específico por producto y por antigüedad del mismo. No puede costar lo mismo un producto con diez años que un lanzamiento. Steam así lo ha visto. Sus últimas novedades cuestan lo mismo que si vas a la tienda de la esquina. Pero los videojuegos antiguos tienen un precio mucho más reducido.

¿Qué enseñanzas debe extraer la industria editorial o la industria cinematográfica? Que están todas a años luz de estas premisas, y que mientras tanto están perdiendo una cantidad ingente de clientes.

Pongamos algunos ejemplos de cómo NO se hacen bien las cosas:

Amazon, que presume de ser la tienda de libros electrónicos más usada del planeta, en España según he escuchado en alguna entrevista han iniciado su andadura destacando que ofrecen gratuitos 1500 títulos de dominio público. No sé cómo pueden sentirse satisfechos con esa cantidad ridícula de títulos libres de derechos de autor. Me parece irrisoria si tenemos en cuenta que cualquier título publicado en español con anterioridad a 1937 entraría dentro de esa categoría. Otra cosa además es la calidad ínfima de esos títulos que no se han molestado ni siquiera en corregirlos de erratas y los han copiado de otros recopiladores aficionados. Una auténtica vergüenza para una empresa de semejante categoría. Algunos de los libros que estoy leyendo los estoy adquiriendo de esta manera y debo decir que me ha sorprendido desagradablemente su baja calidad. En cuanto al catálogo comercial es también de risa: unos 40000 libros frente al millón de títulos que se oferta en la página americana. Quizá la culpa de estos escuetos catálogos no sea de Amazon sino de las Editoriales, pero desde luego, Amazon debería ver que con semejantes catálogos muchos potenciales clientes se van a ver defraudados.

Youzee, como plataforma de videoclub online que ya opera en España. Otros que tal. Yo no puedo entender este modelo de negocio. ¿Alquiler de películas online a unos 2 euros para títulos que ya llevan más de dos años en el mercado? No sé cómo no les entra en la mollera comprender qué es lo que quieren los clientes: un precio, uno, y la película para tí para siempre para que la puedas ver online siempre que quieras y cuantas veces te dé la gana. Eh, y esto siempre por menos de 5 euros. 5 euros para las películas que salen por primera vez online, y precios cada vez más bajos para películas que tienen más antigüedad. Vamos, que nadie en su sano juicio pagaría más de un euro por una película como Casablanca, por ejemplo. ¡Pero ojo, estoy hablando no de un alquiler, si no de una compra perpetua, al estilo de como funciona Steam! Una vez compro un videojuego en Steam, ese juego está anotado como mío en mi cuenta de Steam a perpetuidad. ¡Eso es vender! ¡Eso es incentivar al consumidor!

Lo dicho. Existen maneras de animar al consumo de productos digitales. Existen formas muy imaginativas de combatir la penosa lacra de la piratería. Todo esto es posible. Y mientras no les entre a las empresas y a las distribuidoras relacionadas en la cabeza que deben tender a esas nuevas maneras de hacer negocio, seguiremos viendo, y con razón, cómo mucho público continúa buscando medios “alternativos” para poder disfrutar de esos contenidos.

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Voy a cambiar un momento de tema para tratar un asunto que me parece de suma actualidad y que me afecta de manera muy sensible.

Qué duda cabe de que con la llegada y la proliferación de los libros digitales en detrimento de los libros en papel se están produciendo una serie de situaciones en el mundo editorial que están convulsionando sus cimientos. Pero hay ciertos argumentos que se suelen defender en los típicos debates sobre el tema con los que no estoy de acuerdo, y quisiera decir algo al respecto.

Recomiendo la lectura en esta página web epubgratis.me de este hilo de su foro epubgratis.me/node/697. Ofrece un buen ejemplo de cuáles suelen ser las opiniones que se esgrimen respecto a qué se considera “correcto” o “incorrecto” en el asunto de “compartir libros digitales”. Yo no concuerdo con muchos de los motivos con los que se justifican las descargas desde esta web, sobre todo cuando hablamos de obras recientes.

Vayamos por partes.

El libro digital es un nuevo producto editorial que poco o nada tiene que ver con el clásico libro en papel. El libro en papel es un producto físico. Ocupa un espacio, tiene un peso, requiere almacenarse, transportarse, y la única forma en que puede compartirse con otras personas es mediante su préstamo, lo que implica que la persona que lo presta (el dueño del libro), deja de tenerlo en su poder mientras el libro es prestado.

Con el libro digital no podemos seguir usando la palabra “compartir” o “prestar”. Un libro digital no se “comparte” ni se “presta”. Cuando el libro físico se presta la persona que lo hace pierde el uso del libro. Con el libro digital eso no ocurre, porque es algo virtual, y no existe en forma física.

Nadie comparte un fichero informático. Se hace una copia. Se clona el fichero. Nadie en su sano juicio entregaría a otra persona un fichero informático y se quedaría sin él. Con el libro físico eso es justamente lo que pasa. Si yo le presto un libro a alguien, me quedo sin el libro durante el tiempo que lo he prestado. Pero si hago lo mismo con un libro digital, no me quedo sin mi libro.

Por tanto, ese manido concepto de que “compartir libros digitales no es incorrecto porque es como prestar libros en papel”, e incluso todavía más, que “compartir libros digitales sin permiso del autor tampoco es incorrecto”, a mí no me parece nada cierto.

El libro digital es otra manera perfectamente válida de leer un libro, y por tanto, a todos efectos, un fichero digital equivale a un libro. Hacer una copia de un libro digital equivale a tener una fotocopiadora en casa. La diferencia, por supuesto, está en la tremenda facilidad con la que se pueden copiar y transmitir libros digitales frente a lo que supondría hacer lo mismo con una fotocopiadora. Nadie tiene ni el dinero ni las ganas de ponerse a fotocopiar libros, gastando un montón de papel, para luego enviarlos por mensajero a todo aquel con el que se quisiera compartir esos libros.

Sin embargo, con el libro digital, ¡eso es justo lo que está pasando! Porque el libro digital no tiene las limitaciones del libro en papel. Y todos estos forofos de la página epubgratis.me, con cada libro que suben a la web, están dándole a un botón de una fotocopiadora en su casa y están enviando a todo el mundo ese libro gratis. Si eso lo hacemos únicamente con libros cuyos autores ya hace cierto tiempo que han fallecido (1), me parece perfecto. Si eso lo hacemos de forma limitada a unos cuantos amigos, también me parece bien. Pero que esto se haga con autores vivos y sin pedirles autorización, o bien que se haga de un modo tal que cualquiera, desde cualquier parte del mundo, pueda tener acceso a una copia de un libro que no ha comprado, pues eso ya no es lo mismo.

Estas personas no “comparten libros”, como ellos dicen. Lo que en realidad hacen es “distribuir libros de forma masiva”. A mí no me parece mal que se puedan enviar libros digitales por correo electrónico, por ejemplo, a los amigos, siempre que sea en unas cantidades razonables. Pero colgar un libro electrónico en una página web es una cosa muy diferente. Esto equivaldría a una editorial que hiciera copias no autorizadas de los libros de otra editorial y las regalara de forma indiscriminada. La está causando un perjuicio económico al regalar los libros, y además, sin su autorización.

Si hiciéramos caso a algunos entusiastas de epubgratis.me el futuro panorama que le quedaría a las editoriales y a los escritores es asumir que de cada obra sólo iban a vender un libro. ¡El primero! Los demás serían una descarga de ese primer libro comprado. Como según ellos es perfectamente válido dejar un libro electrónico en una web para que todo el mundo lo descargue porque equivale a compartirlo con otros, pues al final se hundiría la industria editorial.

Resumo: me parece correcto “compartir un libro digital” pero siempre que se haga por un medio que no facilite la copia a un número ilimitado de personas. Una página web no entra dentro de este modo. El correo electrónico todo lo más, sin usar listas de distribucion ni cosas similares, podría entrar dentro de lo aceptable. Lo demás es simple y llana piratería.

Y este es el terrible problema que azota a la industria editorial digital.

¿Por qué la industria editorial en España está clarísimamente inflando los precios de los libros digitales y está sacando unos catálogos digitales tan limitados (2)? Por miedo a este tipo de piratería. Porque si empiezan a sacar grandes catálogos de libros digitales y los hacen asequibles al público con precios bajos, con estos postulados tan populares en España de que “es perfectamente válido compartir ePubs sin importar cómo se haga”, en menos de dos meses se les hundiría el mercado literario. Estos postulados de esta gente que dice que “todo lo que hacen es compartir” hundirían el negocio literario de la noche a la mañana, porque con la crisis que está cayendo en nuestro país, muchos pasarían por alto su ética y aún cuando en condiciones normales comprarían libros digitales si estuvieran a buen precio, en las condiciones en las que estamos no dudarían en acudir a páginas webs como epubgratis.me, para hacerse con cualquier título, pero por la patilla.

Así que espero y deseo que la gente reflexione un poco sobre lo que está haciendo cuando sube ficheros a estos sitios web. Con libros que no tienen permiso del autor ni están en dominio público, me parece un error subirlos a estas webs. Quienes suben esos ficheros deberían pararse a pensar que con su acción están agravando todavía más el mercado literario en España y el resto de países hispanohablantes. Miles y miles de libros se quedarán sin publicar en digital por culpa de estos lugares de descargas, que provocarán el cierre de muchas editoriales.

No sé qué sería recomendable que se hiciera contra esto, si una legislación más dura, o qué. Las leyes sirven de bien poco si no existe una buena educación ciudadana y una clara concienciación sobre los problemas adonde nos lleva la piratería.

Anotaciones

(1) Digo “cierto tiempo desde que han fallecido” porque a pesar de que no estoy de acuerdo con los defensores del “todo es compartir”, también reconozco que las leyes del copyright son un exceso, y me parece un abuso tener que esperar 70 años desde la muerte del autor (o traductor) para poder disponer su obra en el dominio público. Creo que con 5 años sería más que suficiente.

(2) Aunque suscribo la mayor parte de las opiniones del autor que se queja en el foro de epubgratis.me, no comparto con él los motivos que esgrimen las editoriales españolas para justificar la escasa oferta de libros digitales (en comparación con la gigantesca oferta que ya se disfruta en otros países como EEUU). No se debe a un nuevo coste de maquetación y edición. Crear un fichero epub es muy simple sobre todo para libros editados en los últimos años, que yallevan todos un proceso digital. Se trata simple y llanamente de una defensa anti-piratería que las grandes editoriales españolas han acordado entre sí. ¿Por qué si no este rollo del DRM? Te compras un libro digital y te tienes que dar de alta en la web de Adobe para poder leerlo, y sólo te funcionará en 7 dispositivos en los que copies, y en el octavo dejará de funcionar. ¡Qué tristeza da esto! Y lo único que muestra es un miedo atroz a la piratería. ¿Es una buena forma de combatirla? En mi opinión es una forma mediocre, porque sólo funcionará a corto plazo. A la larga, según vayan pasando los años, será un fracaso. Las editoriales que adoptan el DRM ignoran lo que Internet significa. Significa movimiento social. Y eso significa que si las editoriales no sacan los libros digitales, pues entonces lo hará la gente. Todo el mundo en su casa empezará a escanear sus libros y a colgarlos en la Web. ¿Un ejemplo? La editorial Gigamesh se niega a publicar en digital “Danza de dragones”, el último libro de George R. R. Martin, supongo que por miedo a la piratería. Pues no han conseguido nada. Una simple búsqueda en Google y se pueden encontrar miles de enlaces a ePubs “caseros” de este libro. El DRM se quita con tres clics de ratón. Es una pérdida de tiempo. Al final, las editoriales, si quieren evitar la piratería, tendrán que ser más imaginativas. El DRM, poner precios altos o reducir el catálogo, a la larga, no la impedirá.

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